Conversación con Claudio


“En Arte se hace lo que se puede, no lo que se quiere”
En esta entrada reproducimos íntegramente la entrevista con el pintor Claudio Díaz, publicada en la revista EART del año 2011 en la Escuela de Arte de Sevilla (ISSN:1889-6197) y realizada por Juan Carlos Molina. En ella, él nos muestra y descubre los entresijos de su obra. Su contenido fue revisado detenidamente por Claudio antes de su publicación.
Con las dos exposiciones que Claudio Díaz ha realizado durante el pasado otoño-invierno, tanto en el museo de Alcalá de Guadaira como en la Casa de la Provincia en Sevilla, su pintura ha estado nuevamente en el punto de mira del panorama cultural de la ciudad. Exposiciones que suponen tanto un reconocimiento a su amplia trayectoria como interés por sus últimas obras. Aprovecho dicha circunstancia para concertar una entrevista con el pintor.
Cuando llego a la casa de Claudio, éste me recibe afectuoso junto a su mujer, Amparo. Hablamos de las exposiciones “1968-2010 Vivencias” en el Museo de Alcalá de Guadaira, el pasado otoño y “Paisajes Objetos Bodegones” en la Casa de la Provincia de Sevilla, el pasado invierno, y comenta “Estas exposiciones han sido para mí un repaso histórico de mi trabajo y de mi contexto”.
Observo que los objetos cotidianos que aparecen en su obra los encontramos allí, no ya como bodegones preparados para pintar, sino como objetos del entorno y de uso familiar. No sólo los objetos sino también la serenidad y equilibrio que se aprecia en su obra se respira también en su casa. De toda esta armonía forma parte y a la vez la propicia, Amparo Padilla su mujer y compañera. Con respecto a la casa que es también estudio es interesante la observación del crítico Fernando Martín en un catálogo de 1992, “De este modo, su estudio es el hogar y, a la manera de los cubistas, representa aquello que se encuentra a su alrededor inmediato, de ahí que el repertorio de imágenes sea fácilmente reconocible.” Francisco Calvo Serraller escribe para el diario “El País” en 1981 sobre el uso que hace Claudio de los objetos de su entorno en su obra “Cualquier cosa parece servir por igual a Claudio-el tiesto, el jarrón, la mesa camilla, los visillos-; cualquier color, desde el malva al amarillo limón; el horizonte de nubes…, cualquier cosa queda transformada poéticamente por la gracia de este pintor”.
El poético tratamiento del color, la original disposición del punto de vista y el encuadre aleja la obra de Claudio del más crudo realismo testimonial acercándolo al terreno de la metafísica y a un universo muy personal. Antonio Bonet Correa en un Catálogo de Claudio de 1984 nos dice sobre esto: “En una obra aparentemente tranquila, Claudio introduce, quizás de manera consciente, un elemento (turbador), el encuadre-casi metafísico-que convierte su obra en una fuga hacia lo insólito de lo simple o sencillo.”
En su casa pude ver tanto el objeto representado en el cuadro como el objeto real que sirvió de modelo así como el cuadro tratado también como un objeto y pintado a su vez sobre otro cuadro. Era evidente que no había una diferencia clara entre la pintura de Claudio y su propia vida.
Pregunta.- Háblame de tus primeros años de formación como pintor.
Respuesta.– Fui alumno de la Escuela de Arte durante los años 50, entonces llamada Escuela de Artes y Oficios, tanto en una sede que tuvo en Ronda de Capuchinos como posteriormente en la calle Zaragoza. Recuerdo especialmente de esta época mucho dibujo de estatua y del natural realizado con modelos. Aunque gran parte de mi formación como pintor es autodidacta.
P.- ¿Cuándo comienzas con tu trabajo de pintor?
R.–Desde el principio tuve claro que me quería dedicar y vivir solo de la pintura. Tuve estudio en la calle San Vicente en los años 60.
P.- ¿Qué referencias tenías para afrontar tu pintura?
R.-Por aquel entonces, en nuestro país, la dictadura estaba en todo su apogeo y había un total aislamiento cultural. El único medio de saber que se hacía fuera de España era a través de amigos que viajaban al extranjero y traían libros, catálogos e información sobre lo que allí se hacía.
P.-Tu pintura durante aquellos años tuvo un cierto compromiso social…
R.–Durante los años 60 surge un núcleo cultural importante en la ciudad como reacción al franquismo en el que participan intelectuales y escritores como Alfonso Grosso, Manuel Barrio y artistas comprometidos como Paco Cortijo, Paco Cuadrado y José Duarte. Surge entonces el grupo “Estampa popular”, que utiliza el grabado como medio de expresión para llegar a más gente y con un mensaje comprometido de denuncia de la realidad obrera y campesina. Estuve más cercano a este movimiento en cuanto a ideología y al compromiso adoptado aunque menos con la estética utilizada, muy expresionista donde mi pintura más lírica e intimista no terminó de encajar. Como dice Juan Manuel Bonet fui el último en acercarse a este movimiento y el primero en salir de él. En este periodo hice algunos grabados pero muy pocos, recuerdo que de uno hice solo dos reproducciones de las que una está perdida y la otra está en el IVAM.
P.- ¿Y de tu trabajo con la galería La Pasarela?
R.-La galería La Pasarela estaba situada en la calle San Fernando frente a la Universidad. Supuso a la ciudad un torrente de aire fresco a una Sevilla adormecida. La dirigía por aquel entonces Quique Roldán que, muy bien asesorado a través de Zobel, trajo a Sevilla exposiciones importantes desde la galería Juana Mordó de Madrid. De esta forma, por aquella época se hicieron allí exposiciones de Saura, Lucio Muñoz, Millares y otras muchas de artistas de primer orden. También se apoyó, a través de la galería La Pasarela a una generación de pintores jóvenes como Gerardo Delgado, José Ramón Sierra, Paco Molina, Juan Suárez y entre los que yo también me encontraba. No formábamos un grupo homogéneo aunque hicimos exposiciones en común.
P.- ¿Cuándo decides irte a vivir a Madrid?
R-Ya había expuesto en Madrid en 1967 con la galería Quijote. En el año 1971 expuse en la galería Juana Aizpuru en Sevilla y había participado en la 7ª Bienal de Arte de París. Por aquel entonces el ambiente en Sevilla para un pintor era bastante difícil y las oportunidades estaban en la capital, por eso me fui allí. En el año 1975 me conceden la beca de la Fundación Juan March y en estos años expongo en la galería Egam y Gamarra y Garriges, entre otras. Pero siempre supe que mi estancia en Madrid sería provisional y en el año 1982 volví a Sevilla. En aquella época tuve la posibilidad de montar el estudio en Mairena del Alcor, espacio que desde años anteriores me venía interesando, lo que me ayudó a tomar la decisión.
Claudio y yo comenzamos a hablar de pintura y nuevamente en la conversación se resiste a ser encuadrado en un determinado movimiento.
P.- ¿Cómo encaja tu pintura dentro del panorama de la pintura realista?
R.- Creo que en mi pintura es importante la figuración pero como medio no como fin, para mí la realidad es un vehículo para llegar a un mundo poético. La finalidad en mi obra no es hacer una copia realista de un motivo, esto en sí no me interesa. Para mí, la finalidad es el arte. Utilizo o desecho en función del cuadro, seleccionando solo lo que creo conveniente para éste. Todo lo que veo que va contra el equilibrio y la armonía en el cuadro lo considero prescindible. Todo esto crea y acentúa una realidad diferente, más poética y lírica, mucho más subjetiva y que aleja a mi pintura del realismo más crudo y se aproxima de alguna manera a la pintura metafísica. Esto es lo que pretendo pero como ya te he dicho en alguna ocasión , uno hace lo que puede no lo que quiere.
P.- ¿Podríamos situar tu obra próxima a la pintores de la ciudad como Carmen Laffón o, Teresa Duclós o Joaquín Sáenz?
R.-Es posible que exista cierta afinidad en la sensibilidad con otros pintores contemporáneos de la ciudad pues hemos compartido un mismo momento y una forma de entender la pintura, pero como es lógico cada uno hemos evolucionado de forma particular.
P.- ¿Cómo afrontas tu trabajo ante el lienzo en blanco?
R.-Cuando comienzo un cuadro, hago un planteamiento del mismo pero no tengo nunca una idea preestablecida de cómo éste va a acabar. El cuadro marca sus propias pautas. Cuando pinto intento apropiarme de lo esencial de los objetos y de alguna manera los personalizo, transformándolos en una nueva realidad. De todas formas, el análisis que hago sobre mi trabajo lo hago siempre a posteriori, las cosas salen no porque uno lo quiera, no hacemos lo que queremos hacer sino lo que podemos hacer; se es original por lo que se es, no por lo que se pretenda ser.
Al final de nuestra conversación hablamos sobre lo difícil que es en este país vivir exclusivamente de la pintura y mantenerse durante tantos años. A este respecto Claudio Díaz me comenta “Siempre he intentado hacer lo que he creído mejor para mi pintura y mi vida, aunque no siempre fue fácil”.
Pienso que muy pocos pueden hoy día hacer tal afirmación y que tal hecho constituye un privilegio. Claudio ha elegido un camino difícil pero honesto y que, a pesar de las dificultades, siempre mantuvo su rumbo.